“La herencia que no podían poner a su nombre”
Cuando los padres de los hermanos Terencio Casas fallecieron, dejaron una casa construida dentro de un terreno de 2,000 metros cuadrados como único patrimonio familiar.
Aunque ellos la habitaban, no existía testamento que los reconociera legalmente como herederos de la propiedad.
Y como sucede en muchas familias peruanas, los siete hijos pensaron que bastaría con realizar una sucesión intestada para regularizar la titularidad de la casa y disponer legalmente de ella.
Pero pronto descubrieron que el verdadero problema recién comenzaba.
Cuando revisaron sus partidas de nacimiento encontraron errores por todas partes.
En algunos documentos el apellido del padre estaba mal escrito.
En otros, el de la madre.
Algunos hermanos tenían nombres distintos de sus propios padres.
En ciertas partidas faltaban apellidos.
En otras, nombres completos.
Era un desorden documental enorme.
La notaría fue clara con ellos:
Primero debían rectificar todas las partidas de nacimiento antes de pensar siquiera en la sucesión intestada. Y ahí empezó una lucha larga y desgastante.
Durante años recorrieron abogados buscando soluciones. Pero mientras más avanzaban, más complicado parecía todo.
La madre jamás había tenido DNI.
El padre sí, pero ni siquiera contaba con partida de nacimiento. Sin embargo aparecian como propietarios del inmueble en la SUNARP. Años atrás había sido inscrito directamente en RENIEC durante una campaña estatal para obtener documentos de identidad.
Y como si eso no fuera suficiente, los datos del DNI tampoco coincidían con el título de propiedad ni con el acta de defunción. Todo parecía un rompecabezas imposible.
Mientras tanto, un empresario presionaba constantemente a los hermanos porque quería comprar la propiedad.
Pero sin papeles claros, no podían venderla legalmente.
Y aprovechándose de la necesidad y la incertidumbre de la familia, ofrecía una suma irrisoria a cambio de la posesión del inmueble.
La casa estaba prácticamente atrapada entre errores, omisiones y documentos contradictorios.
Hasta que una noche de Navidad, durante una reunión familiar donde nuevamente hablaban del problema, uno de los sobrinos recordó algo importante.
Su esposa había tenido años atrás un problema parecido.
Y hubo un abogado que encontró una solución cuando otros solo veían obstáculos.
Ese nombre era:
Dr. Ricardo Alberca.
Así llegaron a GRAJAR Estudio Jurídico y Consultoría.
Después de escuchar atentamente el caso y reconstruir legalmente toda la historia documental de la familia, se revisaron partidas, registros, inscripciones, coincidencias familiares, documentos antiguos y todas las posibles rutas legales para encontrar una solución sólida y definitiva.
Entonces el Dr. Alberca entendió algo desde el inicio:
El problema no se resolvería con un trámite simple, pero definitivamente tampoco llevaría a la familia por un camino donde perderían dinero y años rectificando partidas de nacimiento sin necesidad.
Tomarían otro camino.
Más rápido.
Más estratégico.
Y más seguro.
Luego de analizar cada escenario, el estudio jurídico citó nuevamente a los hermanos.
El caso sí tenía solución.
Comenzó entonces un trabajo técnico y estratégico.
Después de un año y ocho meses de trabajo legal, ocurrió lo que durante años parecía imposible:
La propiedad pudo venderse formalmente y con todos los documentos en regla.
Los hermanos no solo lograron resolver un problema que parecía interminable.
También transformaron aquella herencia en una nueva oportunidad de vida.
Con el dinero obtenido decidieron fundar una empresa familiar.
Y desde entonces, GRAJAR Estudio Jurídico continúa acompañándolos legalmente y el Dr. Ricardo Alberca se convirtió en el abogado de confianza de toda la familia.
Moraleja:
Un documento mal registrado hoy…
mañana puede poner en riesgo la herencia y el patrimonio de toda una familia.
Si tienes problemas de sucesión intestada, herencias, partidas con errores o propiedades sin regularizar, no esperes que el problema se haga más grande.
Más que abogados, verdaderos aliados.